jueves, 4 de noviembre de 2010

Room in Rome


First of all, RuRru, me gustaría que tú también hicieras una entrada al respecto ;)


Soy tan feliz que me da miedo. ¿No os ha pasado nunca? A mí, por suerte o por desgracia, pocas veces. Por suerte, porque ser tan feliz realmente da miedo, sabes que no se puede ser más dichoso y que en algún momento, más pronto que tarde, seguramente, termine. Y duele.

Por desgracia, porque esa felicidad merece la pena aunque después llegue todo el dolor del mundo. En mi opinión.


Así podría resumirse el final de Room in Rome. A mí me cautivó desde el primer instante, no sé si tanto por la historia como por la ciudad. Que amo Roma, sí. Que son dos turistas, una rubita rusa y una morenita de Valladolid... sí. Desde los tópicos iniciales hasta la posterior evolución de los personajes, ellas atraen; porque se nos aparecen como dos misterios, no nos dejan asomarnos a su interior más que por sus palabras. Son tan desconocidas para la otra como lo son para el espectador. Igual que muchas veces desconocemos a la persona que tenemos al lado. Roma es historia y ellas la llenan de historias. ¿Verdaderas? ¿Falsas? ¿Quién puede decirlo?


Mucho diálogo, las dos mujeres desnudan su piel y su alma en una habitación. Y en una terraza. Hay planos que provocan ganas de parar la película para seguir mirándolos. Y hay unas flores en la terraza que son Roma. Roma se resume en esas flores. Roma es mágica. Roma... es Roma.


Foto: Rome (como no podía ser de otra manera)
[**Loving strangers...**]

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