miércoles, 2 de marzo de 2011

Oceano Mare 2.0



Un hombre que es extraño desde el nombre (Ismael Adelante Ismael) hasta su profesión: estudiante de los límites de la naturaleza.
Una joven con nombre de hada, Elisewin, destinada a ser una farfalla notturna que en cambio debe esforzarse en convertirse en mujer.
Algo me dice que estos dos en Oceano Mare de Alessandro Baricco están destinados a encontrarse.

No sólo se encuentran ellos sino también unos cuantos personajes más en la locanda Almayer, ése lugar destinado a la gente que sabe de dónde viene pero no a dónde va, gente con hábitos extraños que busca soluciones a sus búsquedas. Que encuentra en el de al lado un complemento, una pieza más de su puzzle.

Aprender a vivir es lo que todos intentamos. Esperan. ¿A qué? Ellos, a encontrar el principio del mar, que está en sus ojos; o sus límites. Ella, a que su amante venga a buscarla. La otra, a que la cure el mar. En ese ambiente mágico, todos esperan algo que los devuelva a la vida, que los entregue a la felicidad. Y ¿no es éso lo que hacemos todos? Buscamos piezas que completen nuestro puzzle. A la orilla del mar, que es la muerte, bordeándola, paseando a su vera, esperamos. Esperamos algo que nos haga sentirnos vivos antes de que nos arrastre la tempestad. ¿Qué esperamos?
Esperamos a que aparezca el amor de nuestra vida, a acabar la carrera, a encontrar trabajo, a casarnos, a tener hijos, a que nuestros hijos se hagan mayores, acaben la carrera y a su vez tengan hijos. Sin comprender que no podemos esperar a la felicidad, que la felicidad es hoy y tenemos que salir en su búsqueda.

Eso hace Elisewin. Sale a buscar la felicidad, ya que no puede tenerla donde está. Sale a diseminarla, por todas partes, a quien la necesita. Dar es recibir.
Otros no se deciden a moverse y prefieren quedarse en la comodidad de una vida tranquila, sentimientos estándar.
A otros la felicidad los golpea en la cara al manifestarse, como a Bartleboom. Pero el destino es de los audaces y no hay como perseguir un sueño para conseguir alcanzarlo. O no. Lo importante es el camino, que a veces se deshace.


A volte la strada si disfa. Così, semplicemente, senza preavviso. E dobbiamo ritrovarla oppure inventare una strada nuova, un nuovo sentiero.



[**Più ti guardo, meno lo capisco da che posto vieni... chi ti ha dato tutta la dolcezza ti voleva bene**]


Foto: Raxó 1.0

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