martes, 11 de enero de 2011

((La verdad última de tu inexistencia))


¿Qué es la vida, qué es la muerte?
¿Qué es el amor?
¿Existe el azar?
¿Que entiendes por libre albedrío?
Quiero soñar el mundo
como tú lo soñabas
Y poder cantar la canción
de las Horas Perdidas
Quiero saber qué dirás
cuando mires mis ojos
y por qué le robas
este tiempo al mar.



¿Cómo será no poder pensar?

Supongo que a veces será muy frustrante, pero creo que en general debe de ser sumamente satisfactorio. Claro que, satisfactorio satisfactorio, a lo mejor tampoco, porque el que no piensa no se preocupa de si piensa y mucho menos de si acaba siendo o no satisfactorio... así que el no pensar, a la persona que no piensa le resulta indiferente, no sabe cuán feliz le hace; y a la persona que no puede parar de hacerlo, como yo, le acarrea un montón de preocupaciones, la mayoría innecesarias.

Que de tanto pensar me da vueltas la cabeza como a la niña del exorcista, que me dan náuseas de tanto marear la perdiz, que vivo con el corazón en un puño de pensar todo el rato si esto es bueno o es malo, si soy así o asá o de aquella otra manera, si me contengo o me dejo llevar.

El mundo tiene muchos peligros y uno de ellos es la gente. Hay muchas personas, y algunas llaman a la puerta de tu corazón y tienes que pensar si las dejas o no entrar, y mientras te lo piensas o no a veces van y se cuelan sin que tú les des permiso, y hacen nido en tu corazón. Pero, ¿y si un día les da por quemar ese lecho de pajas y tu corazón sale ardiendo (sí, otra vez) o se ahoga con el humo?
¿Y si por tener ese espacio ocupado no caben otras cosas mejores que llegarían de estar vacío? Porque eso también ha pasado antes.

Si yo sólo quiero estar tranquila, tener pequeños instantes tranquilos para llenarlos de felicidad.
Y ya estoy pensando demasiado otra vez, como siempre. Mucho, muy mucho, y muy a largo plazo. Creo que me voy a encerrar en una casa con una bici estática y unos cuantos perros, que dan cariño y no dan problemas. O gatos, RuRru, todavía estoy decidiendo.



[**Uno no elige de quien se enamora ni elige qué cosas a uno lo hieren... así como Aquiles, por su talón es Aquiles**]


Foto: Firenze

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